3 may. 2008

La rica taza

Herminia quedó viuda de Jose Luis “el mejillón”, hace treinta años. Una tormenta se los llevó a el y a su tripulación cuando faenaban en aguas costeras. “El Pescaito” se hundió sin dejar siquiera un trozo de madera a flote o una mancha de aceite de su motor.

La pensión de viudedad del estado y el fondo de pensiones que habían contratado cuando él vivía servían ya de mucho, pero además, la viuda contaba con una indemnización de siete millones que el patronato de pescadores de la región tenía prevista para estos casos, lo que la convertía en una apetecible viuda.

Tuvo varios amantes mientras su cuerpo los aguantó, rudos marineros la mayoría, sudorosos y con olor a pescado, pero ninguno llegó a oler nada de ese dinero, que ella supuestamente guardaba para cuando no se pudiera valer por si misma.

Los años pasaron y Herminia seguía viviendo con lo más necesario, sin ningún tipo de ostentación, casi se podría decir que miserablemente a veces. Llego un punto en que Herminia dejó de salir de su finca, donde tenía casa, agua, carne, frutas, verduras y todo lo que necesitaba para vivir. La última vez que se le vió fuera de su finca fue el dia en que fue al banco a pedir todo su dinero. En el banco le dijeron que era una locura guardar casi trece millones de pesetas en casa, pero ella no atendía a razones, así que una semana más tarde, y con la máxima discreción posible, tal y como ella había pedido, un furgon blindado se detuvo delante de su puerta trasera y un hombre de uniforme marrón le entregó tres sacos también marrones donde iban todos sus ahorros.

La pobre vieja, probablemente a causa de su senilidad, metió los billetes todos sueltos en el único sitio donde nadie miraría para buscarlos: el retrete. Un retrete que ella misma había dejado sin agua corriente, había desinfectado y al que había puesto un tapón de cemento en el fondo. Guardó su tesoro y siguió su vida normal. El dinero no fue tocado para nada en años, y ella tampoco salió a la calle durante ese tiempo, de modo que llegó el momento en que se dejó de hablar de ella. No pagaba agua porque tenía pozo propio, no pagaba impuestos porque no salía a la calle, y no pagaba luz porque no tenía aparatos eléctricos en casa, y se alumbraba con velas.

Una noche se despertó creyendo oir un ruido y se levántó de la cama para comprobar si el dinero seguía en su sitio. Levantó la tapa del rico retrete y observó con satisfacción que todo estaba en orden, pero al bajarla tropezó con la vela que le daba luz y la tiró en la taza. Herminia, tan rápido como sus reflejos de octogenaria se lo permitían, recogió la vela y la tiró lejos de sus preciados billetes, con tán mala suerte que algunos de los billetes que ya estaban inflamados le prendieron fuego en su camisón. Desesperada, se llevó las manos a la cabeza, intentó salvar billetes, apagarlos con agua o con una toalla, pero todo aquello que tocaba ardía también.

Herminia fué encontrada calcinada entre los restos de su casa, que ardió hasta los cimientos; fue encontrada aferrandose a una taza de water, a un miserable retrete lleno de cenizas de papel.

(Texto de la colección "El Goto Agrio" creado para el programa de radio homónimo, emitido durante los años 90 en RadioQK - Oviedo.
Este texto en concreto es parte de un ciclo dedicado a los 7 pecados capitales. Adivina de cual se trata)

2 comentarios:

gritando la cielo dijo...

¡paseando por tus nubes...

.....seguire soñando!

Anónimo dijo...

!Odnaesap Rop Sut Sebun...

...Eriuges Odnaños!