2 may. 2008

Semillas

Las últimas sacudidas estremecieron mi cuerpo de placer y llegó el orgasmo.

Mi semen fue a parar casi todo a la camiseta de la compañera que tenía delante y de repente pensé que se me había caido el pelo, que me iban a echar del instituto por esto.

Pensé que nunca iba a poder mirar a la cara a aquella chica sobre cuya ropa me había derramado, pero nadie se dio cuenta de mi violenta eyaculación; ni tan siquiera Marta, que la había recibido toda en la espalda sin darse cuenta.

Su único gesto fue un ligero movimiento de hombros para despegarse la mojada camiseta, como si pensase que era su propio sudor corporal, que al igual que el semen, era demasiado para ser absorbido por aquella camiseta casi transparente.

Seguí mirando nervioso el perfil de la enorme mancha de semen, esperando a que fuera secada por el aplastante sol de verano que entraba por las ventanas, y temiendo que ella se llevara la mano a la espalda por cualquier motivo y descubriera el pastel con toda su crema. El cerco se fue cerrando gracias al sol, como gracias al sol acabó por confundirse con una mancha de sudor algo acartonada.

Poco después de darme yo cuenta de esto, el timbre me sorprendió mirándola de nuevo con ojos de deseo.

(Texto de la colección "El Goto Agrio" creado para el programa de radio homónimo, emitido durante los años 90 en RadioQK - Oviedo)

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